El salmón Atlántico se caracteriza por ser migrador, tras nacer en el lecho fluvial y permanecer en el río durante su etapa juvenil, en primavera con un tamaño de unos 15 cm y 40 gramos se desplazan al mar tras un proceso de adaptación conocido con el nombre de “esguinado”. En el mar se desplaza hasta 6.000 km desde su río natal a zonas donde encuentran mucho alimento y tras un tiempo variable retorna pesando entre 2-8 kg , con una gran precisión encuentran el río donde nació, fenómeno conocido con el termino ingles de “Homing”. En otoño e invierno se reproducen depositando sus huevos entre la grava, la mayoría de los salmones mueren tras a reproducción pero unos pocos pueden llegar a reproducirse por segunda vez.
La máxima edad encontrada es de 13 años. En los machos muy viejos, las mandíbulas pueden presentar una notable deformación ya que se encorvan por su extremo, la una hacia la otra. A lo largo de su vida aparecen diferentes morfotipos a los que se asignan diferentes nombres. Al principio de su vida se les llama «pintos» al ser coloreados con manchas rojas. Cuando vuelven del mar ya maduros tienen el dorso azul-verdoso y el resto del cuerpo plateado, viéndose en los opérculos y en los flancos unas manchas negras esparcidas de forma redondeada o de x; son los denominados «salmones». Una vez que se han reproducido pueden volver al mar arrastrados por la corriente; son los «zancadas».
Hemos de saber, que el salmón es una especie catalogada En Peligro de Extinción en España, y «vulnerable» en el Libro Rojo de los Vertebrados. Las pesquerías que se realizan en el mar son unas de las más grandes consecuencias de su declive. El criterio regional no cambia la categoría ya que la inmigración se considera de poca importancia y las poblaciones españolas tampoco pueden ser consideradas como un sumidero. Aún así, un índice apropiado de abundancia del salmón se puede inferir de las capturas que se hacen anualmente en los ríos españoles. Sus poblaciones sufren diversos picos de abundancia dependiendo de los años pero mantienen un constante declive. Según cifras oficiales de captura, la media anual de salmones pescados en toda España ha sido aproximadamente de 10.000, 6.000, 4.500, 4.000 y 1900 para las décadas de los 50, 60, 70, 80 y 90 respectivamente. Este 2025 han sido 138 ejemplares.
Aunque las causas del declive de la especie son múltiples, como son la sobrepesca tanto en alta mar como en los ríos, la introducción de individuos procedentes de otras poblaciones con el riesgo de contagio de enfermedades, introgresión genética y falta de adaptación, además de los vertidos de origen urbano-industrial, las presas, los saltos de agua y otros obstáculos que impiden el acceso de los salmones a los frezaderos, y la extracción de áridos que afectan a sus lugares de puesta, sin olvidar la captación de agua para usos urbanos o agrícolas y la canalización artificial de los cauces.

